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Bruselas confía en que la Gran Coalición impulse la reforma de la eurozona

Alemania vuelve al rol de estabilidad y liderazgo que le otorga la Unión Europea. Las instituciones comunitarias han vivido con inquietud los casi cinco meses de incertidumbre que han transcurrido desde las elecciones federales alemanas. Con una Francia ávida de emprender reformas en Europa, Bruselas aguardaba a que Berlín despejara su futuro para empezar a acometerlas. La Comisión Europea confía en que esta nueva era de la Gran Coalición “permita reanudar la toma de decisiones sobre el futuro de la eurozona”.


El comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, dejó claro este miércoles su convencimiento de que el pacto hilvanado entre la canciller alemana, Angela Merkel, y el líder de los socialdemócratas, Martin Schulz, sienta las bases para esos avances. “Es una buena noticia para Europa que haya un Gobierno estable, sólido y proeuropeo en Alemania. Permite reanudar la toma de decisiones sobre el futuro de la eurozona”, celebró Moscovici en conferencia de prensa.
Con ese mensaje, el responsable de Economía en la Comisión admitía que la UE había aparcado los debates más importantes en los últimos meses por las dudas sobre el horizonte político en Alemania. El acuerdo, aún pendiente de ratificación por parte de la militancia socialdemócrata, “evita un periodo político más delicado” en el club comunitario, que aún se recupera de una policrisis solo parcialmente resuelta. “Cuando París, Berlín y Bruselas van por el mismo camino es más fácil avanzar”, argumentó el comisario francés. Y en su condición de socialdemócrata, apeló a la “responsabilidad” de las bases socialistas alemanas para que respalden el pacto de Gobierno.

En medio del paréntesis alemán, la Comisión Europea planteó una ambiciosa reforma de la eurozona para blindar la moneda única frente a futuras crisis. Aunque Berlín es reacia a cualquier intento de mutualizar riesgos o a crear un presupuesto específico para la zona euro, fuentes diplomáticas y comunitarias en Bruselas consideran que el nuevo Ejecutivo germano tendrá que hacer un gesto. Máxime cuando los socialdemócratas, firmes partidarios de desterrar las políticas de austeridad, ocuparán cargos relevantes en el Gobierno (entre ellos el del Ministerio de Finanzas).

“La postura inicial de Alemania se basaba en que con reglas todo funciona; en Francia había más visión política. Ahora esas posiciones se han movido hacia una mayor convergencia. Confiamos en la orientación proeuropea de la coalición”, subrayan fuentes francesas. Una de las primeras muestras de ese renovado eje francoalemán será un plan conjunto para armonizar —no completamente— el impuesto de sociedades en la UE. En su anterior responsabilidad como presidente del Parlamento Europeo, Schulz identificó las divergencias fiscales, que drenan miles de millones de euros a las arcas públicas cada año por la competencia fiscal abusiva, como una gran deficiencia que Bruselas debía corregir.
Cita en Berlín
Como prueba de que la UE busca en Berlín respuestas frescas a los principales retos, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el del Consejo Europeo —representa a los Estados—, Donald Tusk, acuden este jueves a la capital alemana para entrevistarse con Merkel. En la agenda figura una de las grandes batallas que se plantearán en Bruselas en los próximos meses: la elaboración de los presupuestos comunitarios posteriores a 2020, que nacerán con un agujero anual de 11.000 millones de euros por la pérdida de aportaciones británicas tras el Brexit.

Pese al entusiasmo por el nuevo Gobierno, es muy probable que Berlín ofrezca una posición poco flexible en asuntos clave. También habrá dosieres conflictivos en el seno de la propia coalición. El líder del Partido Popular Europeo en la Eurocámara, el alemán Manfred Weber, esboza unas prioridades que pueden divergir de las socialdemócratas. “El acuerdo en Berlín es una señal de estabilidad para Alemania y para Europa. Más mejoras, límites a la migración y mejor defensa. ¡Ahora es el momento de trabajar!”, escribió en Twitter. La política migratoria, muy dependiente del empuje de Berlín, constituye otro de las reformas pendientes en Europa.

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